¿Quién nos dejó en este mundo para vivir? Nos dejamos nosotros, arrastrándonos sobre el candente hormigón de la ciudad, escuchando a Dios en los acordes iniciales. Nos miramos unos a otros, sin puntes que nos unan, solo manos iguales que arden y sangran. Bajo el yugo de una sociedad sin futuro y con pasado mancillado, no sabemos ya existir, nunca hemos sabido existir. Ellos nos miran desde arriba, Pink nos conoce, todos somos Pink. Las ciudades somos nosotros que no conseguimos arrastrarnos a la acera de enfrente y nos resignamos golpeando el suelo, mientras en el exterior nuestros iguales nos miran a través de más muros. Vivimos para y por la música, el único martillo que consigue golpearlo sin llorar. No debemos nunca olvidarnos de ella.
